Instalación sonora colectiva
Cicatriz
Cada persona es invitada a marcar las dos piedras del centro con lápices como manos —dibujar, escribir, trazar— en tanto acto de deposición: algo del mensaje queda inscrito y entregado. Las dos piezas de los extremos, en tanto, actúan como filtros sonoros minerales que desdibujan las confesiones para volverlas mensajes difusos. La roca, así, entendida como un cuerpo atravesado por el tiempo, recibe el rasguño no como daño efímero, sino como cicatriz persistente. No se trata de herir, sino de aceptar la huella: comprender que toda marca es memoria, recuerdo que a la vez pierde nitidez y se vuelve fragmento de sí mismo con los años y los siglos.
Realización: Male Baena, Ramírez Neira y Valeria Espinosa Galán